PINAMAR (De una enviada especial).– El sonido de los motores se escuchaba antes de verlos. UTV, cuatriciclos y camionetas 4×4 aparecían y desaparecían detrás de los médanos como si fueran olas. Una camioneta avanzaba despacio: un bebé viajaba en las piernas de su padre, frente al volante. A unos metros, un UTV cruzaba una pendiente con cinco chicas a bordo, sin cinturón de seguridad, a los gritos. El viento levantaba una nube de arena que borraba por segundos el horizonte. El mismo paisaje, horas antes, había sido escenario de un choque frontal que dejó a un niño de 8 años internado en estado crítico.
LA NACION recorrió este martes La Frontera, el sector de médanos al norte de Pinamar donde el lunes por la tarde un UTV y una camioneta colisionaron de frente. En días de buen clima, por este punto ingresan entre 5000 y 6000 vehículos por jornada, lo que lo convierte en uno de los espacios de mayor circulación de la temporada.
La Frontera no tiene calles ni asfalto. Son corredores de arena que se trazan y se borran según el viento, la lluvia y el paso constante de los vehículos. Las pendientes cambian de un día para el otro: una loma que ayer era suave puede quedar hoy cortada por una erosión que forma un pico o una caída abrupta. En esos puntos, dos vehículos que llegan desde lados opuestos pueden no verse hasta estar prácticamente uno encima del otro.
Francisco Orlando, jefe de Gabinete de la Municipalidad de Pinamar, explicó a LA NACION que la conducción en arena tiene reglas propias. Un vehículo no frena como en el asfalto. Si se acelera de más, se entierra. Si se dobla cerrado, se puede volcar. Si se baja una pendiente, el freno pierde eficacia. Y cuando se toma una loma con impulso, el vehículo puede salir despedido hacia el otro lado.
Según Orlando, ese tipo de configuración del terreno fue clave en el accidente de este lunes. La reconstrucción preliminar de la Policía Científica indica que la camioneta subía una loma a velocidad mínima y casi no logró coronarla. El UTV venía desde el lado opuesto y tomó impulso para cruzar la pendiente. Cuando llegó a la cima, se encontró de frente con la Amarok. No hubo margen para esquivar ni frenar.
A ese escenario se sumó el modo en que viajaban los ocupantes. El UTV estaba habilitado para cuatro personas, pero llevaba cinco. Tres chicos iban en la parte trasera sin cinturón de seguridad. En la camioneta, los cinturones traseros estaban colocados por detrás del respaldo, una maniobra que suele utilizarse para que no suene la alarma del vehículo y que altera el funcionamiento del sistema de airbags. En esas condiciones, el niño que hoy sigue internado recibió el impacto de una de las barras de la jaula del UTV, lo que le provocó lesiones internas graves, entre ellas una lesión en el hígado.
Sebastián Berardone, secretario de Seguridad municipal, detalló que la respuesta al accidente fue inmediata. En el lugar intervinieron Seguridad en Playa, bomberos, ambulancias del SAME y del distrito, además de un cirujano maxilofacial. Una pediatra que se encontraba circunstancialmente en la zona comenzó las maniobras de reanimación hasta la llegada de los servicios de emergencia. La coordinación entre la sala de monitoreo, los equipos en territorio y el sistema sanitario permitió el traslado rápido del menor al hospital.
Mientras el chico –cuyo nombre LA NACION mantiene en reserva– permanece internado en terapia intensiva, el movimiento en La Frontera continúa. Para ese volumen de tránsito, el municipio y la policía bonaerense desplegaron un operativo que combina drones, personal de inteligencia, agentes infiltrados y puestos de control en los accesos y egresos del predio.
Los drones sobrevuelan la zona y detectan patentes, picadas y maniobras riesgosas. Esa información se envía en tiempo real a los controles ubicados en las salidas, donde los vehículos son interceptados para verificar documentación, realizar controles de alcoholemia y, si corresponde, proceder a su confiscación. En lo que va de la temporada ya se secuestraron al menos 11 vehículos, y algunos procedimientos derivaron en causas judiciales con intervención de la fiscalía.
Berardone explicó que los operativos se realizan de manera aleatoria, según el clima y la afluencia de público. El objetivo es generar un efecto disuasivo: el boca a boca, las redes sociales y los videos hacen que muchos reduzcan las maniobras peligrosas.
Durante el recorrido de LA NACION, los controles estaban activos. Camionetas de la Guardia Urbana, móviles policiales, conos naranjas y agentes con radios se distribuían a lo largo de los caminos de arena. A pesar del despliegue, seguían apareciendo escenas de circulación irregular: UTV sobrecargados, jóvenes sin cinturón, adultos trasladando niños pequeños sin protección y vehículos tomando impulso para subir lomas sin visibilidad.
A la salida de La Frontera, algunos conductores de UTV acababan de ser controlados. Unos se mostraban molestos y sostenían que los operativos “arruinan la temporada” y que no todos los que ingresan realizan maniobras peligrosas. Otros reconocían que las picadas existen y que hay vehículos que circulan a alta velocidad por zonas donde también transitan familias y peatones.
La discusión alrededor de La Frontera no es nueva y vuelve cada verano. No se trata solo de un accidente puntual, sino de un espacio que concentra, en pocos kilómetros de arena, una combinación de factores que lo vuelven estructuralmente riesgoso. Miles de vehículos ingresan cada día a un predio que no fue diseñado como una vía de tránsito formal. No hay calles, ni carriles, ni semáforos. Hay pendientes que cambian de forma, corredores de arena que se borran y se redibujan, y zonas donde la visibilidad se pierde detrás de una loma.
A eso se suma el tipo de vehículos que circulan. Los UTV y cuatriciclos actuales tienen mucha más potencia y velocidad que los de años anteriores, y en muchos casos son utilizados por personas sin experiencia en conducción sobre arena. En ese contexto, una aceleración de más, una frenada tardía o una mala maniobra en una pendiente pueden terminar en un choque frontal o un vuelco.
El consumo de alcohol es otro factor que atraviesa cada temporada. Buena parte de los conductores ingresan a La Frontera después de pasar horas en la playa o en paradores, y los controles de alcoholemia forman parte del operativo de egreso. Desde Seguridad explican que no es raro detectar conductores con alcohol en sangre, incluso en vehículos que trasladan familias y menores.
La particularidad de La Frontera es que gran parte de los terrenos pertenecen a sociedades privadas que los compraron hace décadas y nunca los desarrollaron. Son parcelas que llegan hasta la orilla del mar y que, al no estar urbanizadas, no cuentan con infraestructura vial.
Cada temporada, la municipalidad vuelve a instalar cartelería, palos de señalización y corredores de circulación para ordenar el tránsito dentro del predio. Esos recorridos se ajustan semana a semana según el movimiento de la arena y el volumen de público. Orlando informó que los trabajos de señalización comienzan meses antes del verano y continúan durante toda la temporada, porque los médanos cambian de forma de manera permanente.
Aun así, el problema se repite año tras año. El choque del lunes volvió a poner bajo la lupa esa combinación.
El niño de 8 años fue hallado inconsciente en el lugar del accidente y trasladado de urgencia al Hospital de Pinamar Dr. Pepe Olaechea. Durante la mañana del martes fue intervenido quirúrgicamente y permanece internado en terapia intensiva, bajo seguimiento permanente.
Un profesional de la salud que salía de la guardia explicó que el objetivo inmediato es estabilizarlo antes de evaluar una posible derivación. “Cuando eso ocurra, podría ser trasladado a Mar del Plata o a la Capital, posiblemente en helicóptero”, indicó.
En el entorno familiar circulan versiones de que la abuela del niño estaría viajando hacia Mar del Plata ante esa posibilidad, aunque esa información no fue confirmada por fuentes médicas ni oficiales y depende de su evolución clínica.
Los peritajes judiciales continúan. Según fuentes con acceso a la investigación, los primeros informes confirman que los chicos que viajaban en la parte trasera del UTV no llevaban cinturón de seguridad, mientras que los ocupantes delanteros sí lo tenían colocado. En la camioneta, como se dijo, los cinturones traseros habrían estado colocados por detrás del respaldo.
Mientras la Justicia avanza y los controles siguen activos, La Frontera volvió a llenarse de motores, arena y huellas cruzadas.
