A las 12 del mediodía este domingo se estrena el informe documental con los testimonios de Fabián Grillo, del periodista Alejandro Bercovich, de la investigadora y analista de la imagen Cora Gamarnik, del cronista de C5N Nicolás Munafó, del director de la revista Crisis e integrante del Mapa de la Policía Mario Santucho, de Lucho Aguilar –editor y cronista de La Izquierda Diario–, de Stella Cabral –corresponsal obrera de LID– y de más fotorreporteros que ponen el cuerpo en cada movilización contra las políticas de hambre de Milei.
1969. Guerra fría, invasiones, levantamientos y revoluciones anticoloniales, importantes enfrentamientos entre las clases. El mundo se convulsiona. En Argentina se levanta el Cordobazo ante la dictadura de Onganía, un año después del mayo francés, y la masacre de Tlatelolco en México, Neil Amstrong encabezaba el primer paseo humano por la luna y los Beatles tocan por última vez en una terraza. En ese contexto el escritor Bioy Casares publica Diario de la Guerra del Cerdo. Una Buenos Aires ‘distópica’ donde bandas de jóvenes empiezan a atacar, perseguir y cazar a las personas mayores acusándolos de ser un lastre y un peligro social. Los viejos y viejas pasan a ser “cerdos”, blancos de ataque ante una sociedad que los deja hacer.
No parece necesario explicar cierto paralelismo con las imágenes que ya se volvieron recurrentes de la Argentina actual o la similitud del plan de gobierno actual con el de aquella época. Hombres y mujeres uniformados, con armaduras, escudos y todo tipo de armas atacando a los jubilados apenas parapetados detrás de sus pancartas de papel y cartón. La asimetría no deja de llamar la atención, así como la tenacidad de nuestros queridos viejos que siguen poniendo sus cuerpos maltratados contra la tiranía y represión de un gobierno hambreador y sus cómplices radicales, peronistas, republicanos, sindicalistas. Y detrás, un discurso oficial contra todo lo que marca como “carga” o “peligro”, que excede a los jubilados y va desde los científicos, investigadores, trabajadores de la educación y la salud, los zurdos, artistas disidentes, diversidad sexual, etc.
Hace exactamente un año, a diferencia de lo que ocurre en la novela de Bioy Casares, un amplio movimiento de solidaridad se puso de pie alrededor de las marchas de jubilados de los miércoles. A diferencia de la CGT, los hinchas autoorganizados de muchísimos clubes salieron a las calles y el gobierno vio ahí una amenaza inaceptable. En su afán de acallar y eliminar esa incipiente solidaridad, las fuerzas represivas avanzan y abren fuego también sobre la prensa: el fotógrafo Pablo Grillo cae malherido después de que una granada de gas lacrimógeno impactara en su cabeza.
Pero Pablo no es un caso aislado. Existe una política de Estado de ataque permanente a la prensa. Al periodismo en general o a cualquier comunicador o comunicadora que levante la voz, aunque sea tibiamente para señalar injusticias, atropellos, corrupción. Y a los reporteros gráficos en particular. En épocas de fake news, imágenes realizadas por IA, bombardeo de todo tipo de noticias distractivas e inventadas, los fotógrafos y camarógrafos siguen poniendo el cuerpo literalmente para registrar la realidad en crudo. Un discurso puede ser rebatido, pero una imagen conserva un poder de daño bastante irrefutable. Así, la imagen de un policía gaseando una pequeña niña o apaleando un jubilado se vuelve muy difícil de negar, aunque lo intenten. Las cámaras se vuelven ojos que escrutan y divulgan, una amenaza permanente para el poder, y de ahí surge una directiva clara: apunten a la prensa. Queda en la mira todo aquello que pueda considerarse un atisbo de crítica, que pueden echar luz sobre el plan de los dueños de todo para seguir saqueándonos, prevenir y envalentonar a las y los millones de trabajadores y trabajadoras que sufrimos el saqueo para ponernos de pie.
En Diario de La Guerra del Grillo, desde La Izquierda Diario fuimos a buscar a algunos y algunas de las y los protagonistas, periodistas, investigadores, corresponsales de calle, de grandes medios, de medios alternativos, independientes, para tratar de responder colectivamente algunas preguntas.
¿Porqué le dispararon a Pablo? ¿Porqué la represión dirigida a la prensa? ¿Cual es la situación del periodismo y los medios de comunicación hoy día? ¿Existe la verdad? ¿Qué estrategias podemos darnos para informar e informarnos? ¿Pueden ser las armas de la crítica usadas para fortalecer la lucha por los derechos de las mayorías?
También publicamos material inédito de aquel 12 de marzo y de otros hechos de violencia estatal, junto con las situaciones más emblemáticas del periodismo de los últimos años. Y algunas reflexiones de Fabián Grillo, papá de Pablo en su búsqueda por justicia.
Cómo afirmaba el periodista Alan Barth, “el periodismo es el primer borrador de la historia”. Y como sucede con la historia, pasado y presente se comunican, conjuran e interactúan. Algunas imágenes aparecen entonces con fuerza, a decir de Walter Benjamin, como un relámpago en un momento de peligro, donde los que pelearon antes vienen a advertirnos para no volver a caer.
Diario de la Guerra del Grillo es, en ese sentido, un registro urgente y un debate colectivo sobre una época en la que informar también se volvió un campo de batalla.
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