Desde el 15 de este mes siempre a las 19 se puede ver en el teatro Nün todos los domingos el espectáculo Un hombre solo es demasiado para un hombre solo, escrita e interpretada por Gustavo Garzón, junto a Victoria Baldomir, con dirección de Julia Morgado. Aquí ambos, autor/actor y directora cuentan el proceso creativo.
—¿Cuándo y cómo aparece esta necesidad de la escritura?
GARZÓN: La necesidad está dentro mío desde hace 30 años. Escribí durante 20 con continuidad, siempre ficción. Lo primero que hice fue adaptar un cuento de Roberto Fontanarrosa para teatro. Después escribí Señoras y señores y Casa Natal para televisión, más tarde cuatro películas y tres documentales, que a su manera también se escriben. Pero ésta es la primera obra de teatro que hago. Nunca antes lo hice. Es sobre una idea genuinamente mía que me acompañó desde el inicio. La directora me ayudó mucho en la escritura y después con su puesta. Había hecho un biodrama 200 golpes de jamón serrano, pero no quería repetirme. Esta nueva obra va permanentemente del presente al pasado y lo hago acompañado por Victoria Valdomir, una gran actriz que conocí en La madre y aquí hace tres personajes.
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—¿Cómo se conformó el equipo?
MORGADO: Gustavo vio el espectáculo que dirigí Frida y le interesó, se sumó el productor Nacho Geluk, que con Gustavo ya habían trabajado juntos hace un par de años. Gustavo quería volver a hacer teatro y tenía muchas ganas de escribir. Su primera idea fue que quería escribir sobre el amor. Él me contaba de su vida y lo grababa. Después lo desgrababa y lo escribía e íbamos modificando. La escritura fue en parte conjunta al principio, luego Gustavo tomó las riendas del texto en soledad.
—¿Por qué elegiste que tu protagonista fuese nieto del escritor Joaquín B. González?
GARZÓN: No tiene ninguna explicación. En realidad fue una historia muy particular. Cuando decidí ponerle ese nombre se lo conté a Julia sin saber nada de él. Al poco tiempo, viajé a La Rioja, me recibió el gobernador porque fui con una película sobre discapacidad y en su despacho vi un cuadro gigante de Joaquín V. González. En esa provincia es un prócer importante, mientras que aquí prácticamente no sabemos nada de él. Fue gobernador a los 26 años.
—¿Cómo se pasa del teatro comercial al independiente?
GARZÓN: Con suma facilidad, porque soy las dos cosas todo el tiempo. Nunca dejé ser ninguna, soy tan comercial como independiente, pero esto es teatro experimental, porque la narración es un experimento. La idea puede parecer convencional, un hombre que se enamora de una mujer, no es nada del otro mundo. Pero la forma en que está contando creemos que sí. En el teatro comercial no se puede experimentar, pero también me gusta mucho hacer reír en la Avenida Corrientes. Me encanta. Y las dos cosas me gustan y no puedo prescindirme de ninguna duda.
—¿La cantidad de propuestas en el teatro comercial puede competir con el independiente?
MORGADO: Siempre existieron ambos. Hay muchas obras del teatro independiente que están pasando a un híbrido entre el independiente y el comercial. Mucha gente que hizo toda la vida el comercial ahora está en las salas independientes. Se retroalimenten ambos espacios. Confío en que se puedan sostener las salas más pequeñas, que ahora no tienen subsidios.
—¿Aportaste la mirada femenina a esta historia de amor masculino?
MORGADO: Sí, por supuesto, femenina y de otra generación. Fue interesante el cruce de ideas, de cómo vemos las relaciones, el amor y la familia. En la obra aparece también la historia de una generación, de cómo vivió el acercamiento al sexo y a los primeros vínculos amorosos. Fue un hermoso intercambio. Buscamos una puesta muy dinámica. Son escenas cortas con personajes femeninos, por eso busqué que una sola actriz los encarnara.
—¿Sienten que hay códigos para este tipo de teatralidad intimista?
GARZÓN: Es impresionante la variedad que tiene nuestro teatro independiente. El público ya está preparado para recibir propuestas convencionales y no convencionales. Hay un espectador muy maduro para ver experimentos, que está abierto y que va a buscar lo diferente. Porque en el teatro comercial hay una repetición de la forma, en general tiene una lógica. El relato va de comienzo a fin con una historia. Cuando hay ruptura, como lo nuestro, que va del pasado al presente, todo el tiempo, como si fueran dos obras distintas que se unen recién en un punto al final.
MORGADO: Creo que encontramos los códigos, confiamos y descansamos mucho también en la actuación de ambos intérpretes. Tenemos un muy buen equipo de iluminación, vestuario y escenografía que para mí son partes fundamentales para este tipo de propuestas. En el sentido estético hay que contener todo este relato en el espacio, con colores, dinámicas y climas. La música creo que hace que se pueda contar una obra así de fragmentada, donde hay un tiempo presente, pero en realidad el protagonista viaja al pasado en todos sus monólogos.
—¿Por qué un título tan largo?
GARZÓN: Se lo robé a Antonio Porchia, el escritor. En realidad la frase original es “un hombre solo es mucho para un hombre solo”, pero le cambié “mucho” por “demasiado”, para no sentir que lo copiaba textual y aportar lo personal. Siento que el hombre no carga bien con la soledad, la mujer la lleva mejor. Ellas van juntas al cine, al teatro, son amigas y salen a tomar algo, hablan y hablan. También hacen cursos, son inquietas y se las ingenian mejor. No vas a ver dos hombres viendo una película o una obra de teatro, es muy raro. Soy un poco la excepción, porque voy solo al cine y al teatro, me acostumbré. Me gusta salir y no dejo de hacerlo.
—¿Cómo fue trabajar con Gustavo Garzón, un actor de mucha experiencia y además autor del espectáculo?
MORGADO: Él es muy respetuoso del trabajo del otro, de la otra en este caso. Se ha hecho fácil ensayar con alguien que siempre aporta, pregunta primero, si me parece y qué opino en cada una de las decisiones. Él tiene mucho para contar y aportar. Fue fácil dirigirlo, porque es muy buen actor. Su presencia cuenta más que lo que está contando.
—En el 2019 estrenaste un documental que fue “Down para arriba”. ¿Qué está pasando hoy con el tema discapacidad? Se las ve al frente de las marchas a Valentina Bassi, Julieta Díaz y Lola Berthet…
GARZÓN: Las mujeres siempre son las que llevan la iniciativa. Gloria a nuestras mujeres y mi agradecimiento eterno a Valentina, a Lola y a Julieta que ponen la cara y el cuerpo. Hago otras cosas por la discapacidad, cada cual tiene su lugar. Busco crear espacio para la discapacidad, es mi manera de aportar. Creé una escuela de teatro musical para personas con discapacidad. Ahora creamos con un grupo de padres una asociación civil y abrimos una fábrica de pizzas donde trabajan mis hijos (N. d.R Juan y Mariano, con síndrome de Down) y diez personas más con discapacidad. Es un orgullo. Se llama “Estamos al horno” y funciona en el Centro Cultural Loma de Saavedra. No es que me quedo quieto, escucho mucho mi instinto. Desde hace rato vengo con una especie de fobia a la multitud, tengo un problema con eso. Me cuesta estar ahí donde hay mucha gente, por eso hago lo que puedo solo. La discapacidad está en una situación crítica. Mis hijos, por ejemplo, van a un centro de día al que ahora le recortaron horas de atención, porque no le pueden pagar a los docentes. Agradezco infinitamente lo que hacen mis compañeras por todo el colectivo de discapacidad y lo valoro mucho.
